
El periodismo es, sobre todo, un negocio y no un servicio o un derecho. Ahí está el problema. La información se subordina a la audiencia y la verdad al impacto.
Por suerte, aún quedan auténticos periodistas. Pienso en el reportaje de Juan José MIllás en el dominical de "El País" de hace unas semanas sobre Daniel Álvarez, presidente de la Asociación de Sordociegos de España. Un buen ejemplo de cómo el buen periodismo puede hacer llegar la publicidad de un dominical a los ojos de los consumidores. Porque, desenagañémonos, los dominicales son principalmente catálogos de productos para comprar.
No me parece mal buscar el beneficio, pero se puede hacer desde la integridad moral y profesional.






