miércoles, 6 de febrero de 2013

egipto está a la vuelta de la esquina


Me comentaba el otro día un amigo que todo lo que está pasando es, según lo entiende él, responsabilidad de Gallardón. - "¿De Gallardón?", le pregunté, sorprendido. - "Sí, de Gallardón", me contestó. Y luego aclaró: el Gallardón ese les ha tocado las pelotas a los jueces y éstos están todos a una contra este PP. Se los van a cargar: los echan a nuestras fauces.

La verdad es que no me lo había planteado así, pero supongo que es algo más que casualidad el que estén saliendo, día tras día, casos que, por sí solos, serían ya de escándalo. Así que he llegado a asumir que el Poder Judicial está reaccionando ante el ataque del Gobierno. Lo cual también me hace pensar que ese oculto equilibrio de fuerzas requiere que, cuando las cosas van bien, haya una especie de armisticio en que los jueces acepten asumir un nivel bajo de presión sobre el gobierno, lo cual me preocupa aún más. En el fondo, creo que no sólo los grupos de poder que controlan la prensa y las televisiones nos manipulan. El secreto está en lograr que esta explosión controlada que pretenden hacer del sistema llegue a descontrolarse tanto por ellos como para que podamos llegar a controlarla el pueblo. Así que habrá que estar alerta para no dejar que las cosas fluyan “naturalmente”, sino por donde queremos que fluyan.

Egipto está a la vuelta de la esquina, amigos: en nuestras manos está que la Historia no se repita.

martes, 5 de febrero de 2013

la guerra del lenguaje


La perversión del lenguaje a favor de los poderosos tiene su  máximo exponente en la propia denominación del PP: "Partido Popular". Si lo piensas, es para morirse. Estamos tan acostumbrados a escucharlo que no nos paramos a pensar en su verdadero significado.

En la guerra del lenguaje, la derecha lleva ganadas muchas batallas, en un sentido o en otro: desde la demonización de palabras y conceptos de la izquierda ("proletariado", "lucha de clases",  "anarquía", "revolución", "comunista",...) como el apoderamiento de conceptos ajenos ("popular", "transparencia", "democracia", "estado del bienestar", "socialdemocracia",...). Esa guerra, la lingüística, puede parecer secundaria, pero a mi modo de ver es imprescindible batallarla con inteligencia desde la izquierda. Por una parte, asumiendo que, hoy por hoy, para "llegar" a la gente es más eficaz comunicarse con estrategia, teniendo en cuenta cómo se perciben ciertas expresiones y el rechazo que puedan generar, a pesar de ir acompañadas de grandes verdades en su significado. Por otra parte, introduciendo paulatinamente otras denominaciones o rescatando con precaución algunas que hoy puedan sonar algo decimonónicas.

Quizás peque de maquiavélico, pero una política de estrategia comunicativa bien diseñada me parece trascendental en la izquierda organizada.