Me levanto tarde tras una noche demasiado corta. Me pongo a desayunar con tranquilidad, pero suena el teléfono. Es B. Atropelladamente, como siempre, lo primero que me suelta es que mejor me llama al móvil, porque así le sale gratis la llamada. Para no verme afectado por la llamada y endosarle a E la conversación, le digo a B. "Llama mejor al móvil de E". Pero E se había olvidado el móvil en el coche. Desayuné intranquilo por la llamada. El fijo no volvió a sonar. Al acabar, fui a buscar el móvil al coche: había llamadas perdidas de B, así que la llamé. No me cogió el teléfono, lo cual acrecentó mi intranquilidad. Para intentar enmendar el día, fui al jardín a relajarme en la tumbona, buscando una sombra bajo los membrillos. Al poco rato sonó el móvil de E. Me abalancé sobre él para descolgar cuanto antes, pero las prisas me hicieron descolgar y colgar con el mismo gesto. "¡No puede ser!" Desesperado, asumí el costo de la llamada. Le explico lo ocurrido a B, que en seguida me dice que me llama ella. Colgamos. Vuelve a sonar el móvil y, ahora más tranquilamente, lo descuelgo sin problemas para oír de sopetón la pregunta de B: "Oye: E es de Movistar, ¿verdad?" MI respuesta: "No". -"Pues entonces no me sale gratis", me suelta B, como si tal cosa, como si me dijera que hoy hace buen día o que tiene un padrastro en el dedo gordo, abordando a continuación si el menor atisbo de pudor el tema que motivó su llamada.
Ya no me enteré de nada más. No pude prestar atención a lo que me decía, pues no podía dejar de analizar en silencio lo que había pasado y cómo sentía la forma en que las ganas de volver a matar iban inundando mi cuerpo como un calor rojizo.
lunes, 30 de junio de 2008
miércoles, 11 de junio de 2008
jueves, 5 de junio de 2008
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