
Se te cae el alma a los pies al ver la falta de motivación y activismo de la mayor parte de la sociedad española. Estamos dormidos y, por regla general, seguiremos estándolo hasta que la situación sea crítica. Lo siento por Mayor Zaragoza, pero la “R” de responsabilidad reina por su ausencia. Así que habrá que olvidarse de la evolución hasta que llegue la revolución...
Precisamente por ese motivo, valoro más las contadas excepciones. En la universidad madrileña, por ejemplo (yo trabajo en una de ellas), está habiendo una movilización sin precedentes (que yo conozca) en el Personal de Administración y Servicios (PAS) frente a las nuevas normativas estatales y autonómicas que amenazan nuestras condiciones de trabajo. Tanto es así, que las asambleas son multitudinarias, la reacción sindical ha sido unánime y la lucha, como no puede ser de otra manera, está dando sus frutos: de querer aplicar los recortes en febrero y que podíamos estar contentos con que no se hubieran aplicado desde enero, pasaron a que se aplicarían más tarde y a que no se van a aplicar. Encierros en los rectorados, pitadas a los gerentes, multitudinarias asambleas interuniversitarias… en definitiva: movilización. Este es un ejemplo de que la movilización da sus frutos. ¡Que no decaiga!
Hay que tratar de motivar a nuestro entorno, de hacer ver a cada compañero pasivo (de manera constructiva) que su actitud es peligrosa para todos, transmitir con el boca a boca para intentar paliar la infinidad de mensajes en contra de nuestro objetivo que se dan por los medios de masas. Grano de arena a grano de arena se hace una duna. Pero incluso, aún con el convencimiento de que tus esfuerzos no van a tener peso frente a un enemigo tan poderoso como es el sistema instaurado, hay que seguir haciendo esos esfuerzos, aunque sólo sea por mantener la coherencia, por sentir que se hace lo que se debe. Esa satisfacción no nos la podrá quitar nadie.
¡Ánimo, que quedan infinidad de cosas por hacer!
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