Que el deporte está podrido es algo tan obvio que me sorprende que sorprenda. El deporte de masas es un negocio. Punto. Es una forma más de generar ingresos e intereses económicos y esas son las esporas que fomentan la reproducción de los hongos en cualquier materia orgánica (económica). El fútbol está podrido desde hace siglos; yo mismo fui testigo como ex-aficionado de la podredumbre y el vasallaje del baloncesto; el ciclismo está podrido; no digamos los deportes de motor: todo vale por el beneficio de los anunciantes, los esponsores, los patrocinadores y demás hienas.
Pero, al fin y al cabo, hay que preguntarse quién es el último responsable de todo ello o, dicho de otro modo, ¿podemos cambiar las cosas? El último responsable de todo es el ciudadano de a pie, el consumidor, que no duda en pagar medio sueldo mensual en acudir a un campo de fútbol o a un circuito; el ahorrador que mete sus dineros en la entidad bancaria que patrocina un espectáculo tan obscenamente despilfarrador como la F1 y a pesar de que su máximo dirigente es un evasor de impuestos demostrado; los aficionados para los que puede más el forofismo que cualquier espíritu crítico acerca de las prácticas que, a la larga, acabarán con el deporte que disfrutan. Todos ellos hacen (hacemos) que la trampa sea rentable. NOSOTROS somos los responsables y en nosotros está la solución. ¿Cómo? Pues planteándonos las cosas cada vez que decidimos hacer un gasto, tasando las consecuencias del mismo y preguntándonos si alterando nuestros hábitos podemos hacer que las cosas deriven a favor de nuestros ideales.
Así que dejémonos de lamentarnos tanto sobre la podredumbre de la que somos cómplices y pasemos a la acción. Antes se cambiaba el mundo a base de revoluciones. Hoy se cambia pensando antes de sacar la cartera.

2 comentarios:
Más claro imposible, estoy completamente de acuerdo.
Un saludo, Mecacholo :)
Pues cuando quieras, ¡vamos de Rebajas! :D
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