
Quería compartir una impresión con vosotros, gente de bien.
Esta mañana, en el autobús hacia el trabajo, he podido escuchar de fondo una conversación del autobusero (fachón, como casi todos los de la línea, incluido uno que es negro) y un viajero joven que iba sentado a su lado. ¿Que cómo sé que es fachón el autobusero? Pues porque le he oído hablar en otras ocasiones y escucho la radio que pone en otras ocasiones. (Vale: llamadme cotilla, pero si no me dejan leer tranquilo, al menos les presto atención y me entretengo, o me indigno, depende). A lo que iba: el caso es que la conversación de hoy era... ¿adivináis? indignada. El chico llegó a decir algo sobre lo que yo ya he leído: que cualquier día nos van a cobrar por respirar el aire, como si fuera el colmo de lo que estamos viviendo.
Ayer, el conductor de la otra línea de autobuses que pasa por mi pueblo, comentaba a una viajera qué artimañas hace la empresa para justificar el dejar a los viajeros que van a Madrid en una rotonda, a mitad de trayecto, para que esperen a otro autobús durante media hora que les permita llegar a Madrid, mientras él se va a otra localidad a hacer un servicio discrecional (decisión tomada de forma unánime por la empresa, sin contar con el Consorcio de Transportes). A este segundo conductor le oigo despotricar siempre en contra de lo que pasa: que si se ha tenido que comprar él el GPS que usa para trabajar, que si le han bajado el sueldo, que si le han cambiado de línea, etc.
Resumiendo: que o mucho me equivoco o el estado de descontento está expandiéndose a pasos agigantados. Por una parte, puede parecer lógico, por los enormes recortes que ya nos afectan a todos, pero por otra, me llama la atención que incluso los que yo creía fieles y ciegos seguidores de la política que dictara el sistema estén empezando a renegar de ella. La primera ventaja que veo en ello es que, necesariamente, la percepción que tendrá esta gente de los que ya protestan en las calles no coincidirá con la que los medios aún afines al sistema proyectan día a día. Y ese distanciamiento en este asunto particular puede que les haga posicionarse más cerca de nosotros e incluso sentirse agredidos por los ataques que sufren, por ejemplo, los quincemayistas (ataques periodísticos y policiales). Lo cual también puede degenerar en que esta gente empiece a plantearse que los medios no sólo mienten en este tema, sino que lo hagan en todo, esto es, que empiecen a relacionar y sacar sus propias conclusiones.
Deberíamos estar preparados para dar una buena acogida a toda esta gente, a todas estas opiniones, a todos estos votos, a todos estos ciudadanos para que su llegada a "este otro lado" fuera lo más acogedora posible. Y ello implica no agredirles con exigencias desmesuradas, que no sientan que somos iguales pero desde el otro lado, que nos perciban como tolerantes y que nos centremos, junto con ellos, en lo esencial: CAMBIAR EL SISTEMA.
Por eso creo que el 15M debería ser el gérmen de una gran coalición independiente que se centrara en eso mismo: CAMBIAR EL SISTEMA. Creo que es interesante que haya asambleas, que la gente discuta sobre los temas importantes, que se vaya perfilando una propuesta consensuada, pero sin caer en el riesgo de concretar demasiado, porque cuanto más concretemos, más gente se va a quedar fuera. Yo me considero de izquierdas, pero no debo aspirar a conseguir mediante el 15M una política de izquierdas, sino una política suficientemente representativa como para que mi opción de izquierdas tuviera posibilidades de plasmarse en políticas de izquierdas algún día. Yo, lo que quiero ahora, lo que considero más importante es que cambie el sistema a uno más representativo y donde la gente tenga oportunidades de participar, controlar a los elegidos e impedir las injusticias. Una vez implantado el sistema de la mano de los que no piensan como yo en otras cuestiones, ya me encargaría yo, por mis propios medios, de defender mis puntos de vista en esas otras cuestiones que me distancian de ellos. Pero lo primero, lo más urgente y lo que, además, puede aglutinar a más gente y tener, por tanto más fuerza debería ser CAMBIAR EL SISTEMA.
El 15M sólo podrá plasmar sus reivindicaciones a través de una opción política, me temo. Sacrifiquemos nuestras identidades como partidos en pos de una coalición que luche por el objetivo fundamental. Desde mi punto de vista, ¿qué mejor manera de demostrar progresismo que tener la capacidad de ceder autonomía política a favor de un proyecto en común y tremendamente ambicioso?
1 comentario:
Sin lugar a dudas..tolerancia y respeto, sin rencores..y no prejuicios y creerse apoderado de la verdad universal, y encima con carácter exclusivo.
Nos viene fenomenal: ponemos en práctica la humildad (algo que nunca practicamos lo suficiente) y además de todo y de todos se aprende, se enriquece..si el otro piensa diferente a mí..no tienen x que ser un raruno, igual lleva algo de razón...
Publicar un comentario